El compañero Nelson Vega ha escrito un artículo en su blog el cual quiere compartir con nosotros.

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El sector inmobiliario vuelve a florecer tras varios años de caída, nada menos que una década desde que pinchara la burbuja financiera. No hace falta ser agente inmobiliario para saberlo, sólo darse una vuelta por algunas de las calles comerciales de las principales ciudades para ver como cada mes abren nuevas inmobiliarias. Como setas tras las primeras lluvias, aparecen en pequeños locales u oficinas “agencias inmobiliarias” con colores estridentes, palabras que conjugan el nombre del/los aventurado/s como “Rodrigo Calvo Inmobiliaria”, palabras en otros idiomas para darle un barniz internacional como “Inmo Home 2000”(cualquier nombre de estos parecido a la realidad es sólo fruto de la coincidencia) y otros tantos nombres salidos de la imaginación de algún libro de “Marketing for dummies” oempresas que venden un subdominio en sus páginas para que decenas de personas puedan trabajar publicando anuncios que previamente han visto en portales inmobiliarios, sea de particulares o inmobiliarias con gran peso en el sector como si se tratara de vendedores de Tupperware o conocidas marcas de productos para adelgazar, eso sí, previamente habiendo tenido “formación” con vídeos de YouTube de como trabajar de agente inmobiliario.

Por otro lado vaya por delante mi total apoyo a aquellos profesionales que deciden montar su empresa independiente tras muchos años trabajando en el sector y que cuentan con unos conocimientos y experiencia adquiridos en el día a día. Es de elogiar el valor que tienen al aventurarse en un sector tan competitivo. He coincidido con muchos de ellos y espero seguir haciéndolo en el futuro cooperando en operaciones.

Pero esta entrada no va por estos últimos, sino por otro tipo de “agentes inmobiliarios” que como el famoso personaje de Santiago Segura, el ejercicio de su profesión es buscar el beneficio propio sin importar defender los intereses de los ciudadanos/vendedores; exportándolo al sector inmobiliario sería limitarse a poner un cartel y publicar la propiedad en un par de portales inmobiliarios (no muchos más que no están por la labor de invertir en sus clientes) sin informar de todas las gestiones y gastos que conlleva una compraventa o asesorar sobre trámites y el mejor precio para conseguir la meta de vender la vivienda. Esto viene a colación de algunas anécdotas que me han ocurrido en las últimas semanas y que no deja de ser una muestra del intrusismo y lo poco regulado que está el sector, amen de que los clientes vendedores después tengan una nefasta experiencia con estas “inmobiliarias” sigan pensando que todas son iguales.

Llevaba ya algunos meses gestionando el largo proceso de poner en venta una vivienda de VPO cuando la clienta vendedora me comentó sobresaltada que unos vecinos de su misma urbanización habían puesto en venta a través de una de estas nuevas inmobiliarias su casa a un precio muy superior al de ella, y que por tanto ella estaría perdiendo mucho dinero con su venta. Lo que no sabían estos vecinos (y la inmobiliaria no les había informado) es que al ser VPO tenía un precio máximo marcado por el Instituto Canario de la Vivienda y aparte de otras gestiones que había que hacer para poder vender. Además el precio que habían pactado “gracias al asesoramiento profesional” de esta nueva inmobiliaria era muy superior al precio de mercado y que sólo había que ver las diferentes viviendas que se estaban vendiendo en un radio de 500 metros en mejor precio y con mejores características. Para terminar de rizar el rizo, el “agente inmobiliario” les había comentado que ellos no tenían ningún precio marcado por el ICV y que podían vender por encima del precio de sus vecinos debido a unas supuestas bonificaciones que le daba el gobierno de Canarias por padecer algunos discapacidades físicas… ¡Vaya, un chiste de los buenos!

La última de las anécdotas fue hace escasos días. Un conocido se puso en contacto conmigo para que le asesorara sobre la venta de su vivienda en la que llevaba con algunas reparaciones desde hacía algunas semanas para poder vender mejor. Tras hacer una visualización general de la propiedad y habiendo estudiado un poco la zona previamente, le hice un estudio de mercado para obtener el mejor precio. La sorpresa vino al final del mismo cuando le pregunté por el precio que tenía pensado vender. Comentó que había estado con dos “inmobiliarias” que le habían prometido que en dos meses conseguiría su objetivo y con un precio muy superior al del estudio que le había hecho. Al ver todo lo que se estaba vendiendo en la zona con un precio bastante inferior al que había puesto la suya y aconsejarle un precio de venta justo, entendió porqué no había podido vender en esos dos magníficos meses que le habían prometido.

La venta de un inmueble muchas veces es el valor más importante de una persona o familia y frecuentemente se banaliza e infravalora por estas nuevas inmobiliarias que juegan con el tiempo y las esperanzas de los vendedores con tal de obtener un encargo de venta para engrosar su cartera de propiedades. Casos como estos son los que generan desconfianza por parte de los vendedores y hace que sigamos escuchando la tan manida frase cuando ofrecemos nuestros servicios de “¡NO QUIERO SABER NADA DE INMOBILIARIAS!” o “¡YA ESTUVE CON UNA INMOBILIARIA Y ME HICIERON PERDER EL TIEMPO!”.

La pregunta que deben hacerse los vendedores ahora es, ¿como elegir a un buen profesional para vender mi casa?…

Esto da para otro artículo que abordaré más adelante, ¡sigue atento al blog!

ver entrada en su blog.

Última modificación: 29 junio, 2018

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